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        LA PRIMAVERA

Huyó el invierno sañudo
Y luce brillante el sol,
Que el pálido velo rasgando glorioso
Difunde en la tierra benigno calor.

Se cubre el campo aterido
Con halagüeño verdor;
Del dulce Favonio los hálitos puros
Suceden al soplo del fiero Aquilón.

¡Salud, bella primavera!
¡Salud, feliz estación!
Tu grata sonrisa, que vida difunde,
Perfuma los aires, colora la flor.

Vencedora del invierno
Llegas vestida de albor,
Los valles se alegran, las fuentes murmuran
Las aves entonan sus himnos de amor.

Brota el germen, escondido
De la escarcha en la prisión,
Y brumas, y yelos y nieves disipa,
Tu impulso de vida, tu soplo creador.

Rejuvenecer la tierra
Fue tu dichosa misión,
¡Y tú la obedeces!... renace cada año
Natura al mirarte, con nuevo vigor.

¡Ay! ¿por qué también al hombre
No se extiende tu favor?...
De su edad primera  las flores preciosas
Son presto despojos del tiempo feroz.

Perfuman con dulce aroma
Su juvenil corazón,
Las toca con la mano de acero y de hielo,
Las toca  y marchitas las deja el dolor.

El invierno de natura
Tu presencia disipó,
Mas ¡ayl de la vida del hombre infelice
No el pálido invierno disipas tú, no.

Una sola primavera
El cielo le concedió,
Y rápida vuela, cual nube de estío,
Cual humo ligero, cual soplo veloz.

¡Una sola! y el invierno.
Que helado y mustio va en pos,
Le agobia de nieves, le cerca de sombras
Que nunca disipa benéfico el sol.1

Vuelves al árbol las flores
El perfume y el color...
¡Mas no das al hombre las flores perdidas!
¡Mas no le revives la muerta ilusión!

De mi fugaz primavera
Ten ¡oh tiempo! compasión,
Y deja que pueda llevar al sepulcro...
No mucho te pido... ¡tan solo una flor!

1840 2

autógrafo

Gertrudis Gómez de Avellaneda


En Poesías de la excelentísima señora... (1850):

1 se modifica por este verso:

            Que nunca disipa benéfico sol.

2 Se data en Abril de 1841.


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