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            EL BEDUINO

    Del sol de Libia al penetrante rayo,
Que un suelo ingrato con su ardor devora
Que nunca borda con sus flores Mayo,
Ni Julio estivo con sus mieses dora;
    Tostado el rostro, de sudor cubierto,
Vaga contento el nómade Beduino,
Y su corcel la arena del desierto
Surca y eleva en denso torbellino.
    Del ancho pecho, de temor exento,
Lanza su voz, que los espacios llena,
Mientras se aduerme íatigado el viento
En la extension del piélago de arena.

    «Vuela, vuela, corcel generoso,
Tú que afrentas al viento de Egipto.
Si del Khan 1 por indócil proscripto,
Eres hoy del desierto señor.
    Vuela, vuela, que al sueño se entrega
Descuidada, infeliz caravana,
Y serán tus gualdrapas mañana
Ricas telas de vario color.

    »Del desierto los dos somos dueños,
Y el que osado a pisarlo se atreve,
Turco, Copto o Hebreo, nos debe
Abundante tributo pagar:
    Ni el cristiano de Europa orgulloso
Mis dominios recorra sin pena,
Que a encontrarle, entre nubes de arena
Volaremos los dos a la par.

    »Suyas son las ciudades altivas,
Do cien torres al cielo levanta,
Y las piedras do asienta su planta
Jaspes bellos y mármoles son.
    Él, sus senos abriendo a la tierra,
Le arrebata su oculto tesoro,
Y la plata brillante y el oro
Ornan luego su excelso artesón.

    »No le arredra distancia ni tiempo,
Aquilones o brisas suaves,
Y pobladas se ven de sus naves
Las inmensas llanuras del mar.
    Él del cielo los astros numera,
Al través de las nubes lo escala,
Y aun es fama que al rayo señala
El paraje do debe estallar.

    »Goce, pues, su poder, sus tesoros,
Su talento, su orgullo, su ciencia...
¡El desierto dejó por herencia
Al Beduino su padre Ismael!
    Sin las artes de frivolo ornato,
Y sin templos, palacios, ni leyes,
Del desierto vastísimo reyes
No trocamos la suerte con él.

    »Donde quiera que sombra me presten
Una palma o un drago o un pino;
Donde quiera que brote mezquino
Manantial, que mitigue mi ardor;
    Allí planto mi tienda ligera
Y al reposo contigo me entrego,
Sin que llegue a turbar mi sosiego
De otras vidas inquieto rumor.

»Del bajá los humildes esclavos
Allá tiemblen si arruga su ceño;
En ti encuentra cariño tu dueño,
¡Y en su lanza botín, libertad!
    ¡Vuela, vuela, corcel generoso,
Cual Semoun  que la arena arrebata.
Que ni el freno tu boca maltrata
Ni la ley mi feliz voluntad!»

Julio de 1842

autógrafo

Gertrudis Gómez de Avellaneda


1 Khan es el nombre del parador público destinado a las caravanas.


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