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    EL PORQUÉ DE LA INCONSTANCIA.
            A MI AMIGO ***

    Contra mi sexo te ensañas
Y de inconstante lo acusas,
Que así piensas que te excusas
De recibir cargo igual.
    ¿Por qué ¡oh amigol no emprendes
Analizar en ti mismo
Del alma humana el abismo,
Buscando el foco del mal?

    Clamas tú que las mujeres,
(Cual dijo no sé quién antes),
Piensan amar sus amantes
Cuando aman solo al amor.
    Que el vago ardor del deseo
Es siempre constante en ellas,
Mas pasa sin dejar huellas
Su preferencia mayor.

    ¡Oh! no a negarte me apresto
Verdad que tan solo prueba,
Que son las hijas de Eva
Como los hijos de Adán.
    A entrambos el daño vino
De la funesta manzana,
Y a toda la raza humana
Sus tristes efectos van.

    ¡Mísera raza!... su mengua
Siente, pero no comprende,
Y aun busca y hallar pretende
Bienes que torpe perdió.
    Tras ellos ciega se lanza
Girando en vértigo insano;
Mas nunca su empeño vano
Ni aun en sombra los gozó.

    Amor pide, dicha ansía,
Y a esperar loca se atreve
Que en vaso corrupto y breve
Apague el alma su sed:
    Pero ella su afán inmenso
Siente perenne, profundo,
Y rompe yugos del mundo
Como el águila la red.

    En balde en la estraña lucha
De su cansancio y su anhelo
Le agrada tomar el velo
Que le presenta el error,
    Y en los pálidos fantasmas,
Que agranda y mide ella sola,
Se finge ver le aureola
De la dicha y del amor:

    ¡Resbala pronto la venda!
¡Resbala, y ve con despecho,
Que vuela, en humo deshecho.
El fulgor de su ilusión!
    Que no cabe en ser que piensa
Que eterno el engaño sea;
Aunque es eterna la idea
Que sedujo al corazón.

    No es, no, flaqueza en nosotros,
Sí indicio de altos destinos,
Que aquellos bienes divinos
Nos sirvan de eterno imán,
    Y que el alma no los halle,
Por más que activa se mueva,
Ni tú en las hijas de Eva,
Ni yo en los hijos de Adán.

    Unas y otros nos quedamos
De lo infinito a distancia,
Y en todos es la inconstancia
Constante anhelo del bien.
    De amor y dicha tenemos
Solo un recuerdo nublado;
Mas su goce fue enterrado
Bajo el árbol del Edén.

    Jamás ¡oh amigo! ventura
Ni amor eterno hallaremos...
Pero ¿qué importa? ¡esperemos!
Porque es vivir esperar:
    Y aquí, do todo nos habla
De pequeñez y mudanza,
Solo es grande la esperanza
Y perenne el desear.

Marzo de 1843

autógrafo

Gertrudis Gómez de Avellaneda


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