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        SALMO L
  TRADUCIDO LIBREMENTE.

¡Misericordia, oh Dios, de ti demando!
¡Misericordia ten de un alma esclava!
                    De mi delito infando
El yugo infame tu poder destruya,
Y el rastro impuro de mi culpa lava
Según la gran misericordia tuya.

Lávame más y más, que está delante
De mis ojos la culpa, y me acobarda
                    Su recuerdo incesante:
Pues no halló nunca a tu clemencia tarda
                    Un pecho arrepentido,
No deseches mi voz, cuando con llanto
                    Misericordia pido.
Falté, señor, a tu precepto santo;
Mas no me niegues paternal clemencia;
Porque engendrado en el pecado he sido,
Y fue el pecado mi primera herencia.

¡Oh soberano ser, del alma dueño!
Tócala con tu hisopo y será pura:
                    Templa el airado ceño,
Y hazla escuchar palabras de dulzura.
                    Grande es, Señor, tu enojo,
                    Y tu venganza justa;
Mas no me arrojes, como vil despojo,
                    De tu presencia augusta.

Mora en ti la verdad, que al alma mía
Hizo entrever recónditos secretos,
Y adorar de tu gran sabiduría
                    Inefables decretos.
Vuélveme, pues, ¡oh Dios! vuélveme aquella
                    Mi jubilosa calma:
Rorrando del pecado impura huella
                    Renueva tú mi alma:
Hazla sentir los santos embelesos
Con que al perdón benéfico acompañas,
Y temblarán gozosas mis entrañas,
Estremecidos de placer mis huesos.

Entonces ¡oh, Señor! con nuevo canto
                    Celebraré tus dones:
Aprenderán tu nombre sacrosanto
                    Las extrañas naciones:
En ecos de perpetuas bendiciones
Se extenderá tu excelso poderío,
Para que el malo tu justicia entienda,
                    Y a ti venga el impío
Abandonando la precita senda.

Mas yo, ensalzando el nuevo beneficio,
El corazón en lágrimas deshecho,
Te ofreceré por solo sacrificio
La sumisión de mi contrito pecho.
Aceptáraslo tú, benigno y blando,
Pues no un alma desdeñas penitente;
                    Y entonces más ferviente
                    Por tu pueblo rogando,
—¡Alza, diré, tu brazo omnipotente!
¡Que al enemigo tu poder destruya,
Y a tu culpable grey mira clemente,
Según la gran misericordia tuya!

Noviembre de 1847

autógrafo

Gertrudis Gómez de Avellaneda


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