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        LOS REALES SITIOS

Es grato, si el Cáncer la atmósfera enciende,
Si pliega sus alas el viento dormido,
Gozar los asilos que un muro defiende,
Con ricos tapices de Flandes vestido.

Es grata la calma dulcísima y leda
De aquellos salones dorados y umbríos,
Do el sol, que penetra por nubes de seda,
Se pierde entre jaspes y mármoles fríos.

Es grato el ambiente de aquellas estancias
Que en torno matizan maderas preciosas,
Do en vasos de china despiden fragancias
Itálicos lirios, bengálicas rosas.

Es grato que al Euro, que huyó silencioso,
Imiten las bellas moviendo abanicos;
Allí do cual tronos del muelle reposo
Se ostentan divanes de púrpura ricos.

Y grato en la tarde, con lánguido paso,
Salir de entre sedas y pórfidos y oro,
A ver cuál oculta, llegando a su ocaso,
El astro supremo su ardiente tesoro.

Que allí, para verlo, se tienen vergeles
Que nunca marchitan estivos ardores;
Con bancos de césped, con frescos doseles,
Y bosques y fuentes y exóticas flores.

Asilos tan bellos no hubieron las ninfas
Que hollaron de Grecia colinas amenas,
Ni náyades vieron tan plácidas linfas
Cual esas que guardan marmóreas sirenas.

Por eso en las noches del férvido estío
Es grato a ese elíseo llamar los placeres;
Cubriendo de luces su verde sombrío,
Llenando su espacio de hermosas mujeres.

Y aromas y bailes y amores y risas,
En dulces insomnios disfrutan las bellas,
En tanto que vuelan balsámicas brisas
Y en tanto que el cielo se cubre de estrellas.

¡Oh, espléndidas fiestas! ¡Oh, alegres veladas,
Que brotan al soplo de regia hermosura!
Ni silfos, ni genios, ni próvidas fadas
Os dieran encantos de tanta dulzura!

No, ¡Granja!, no envidies al noble palacio
Que allá San Lorenzo protege vecino;
Pues hoy a las gracias encierra tu espacio,
Y son los placeres tu plácido sino.

¡Difunde fragancias: amores y risas
En gratos insomnios disfruten las bellas,
En tanto que vuelen balsámicas brisas
Y en tanto que el cielo se pueble de estrellas!

Agosto de 1849

autógrafo

Gertrudis Gómez de Avellaneda


Esta composición fue escrita bajo la agradable impresión producida por los bailes dados por S. M. la Reina, durante el verano de 1849, en su palacio de S. Ildefonso, y a los que asistió la autora viniendo de visitar el otro real palacio de S. Lorenzo del Escorial, al cual alude en algunos de sus versos.


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