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        EL DESPOSORIO EN SUEÑO

En dobles velos de amaranto y gualda
Envuelve el sol su refulgente faz,
Y al partir ciñe espléndida guirnalda
Al horizonte del inmenso mar.

Lánguido el Euro en las dormidas olas,
Apenas mueve su cerúleo azul,
Mas las orna de leves aureolas
Meciendo en ellas la expirante luz.

Desierta está la playa silenciosa,
Y Amia, cual ella solilaria, va
A adormecer su pena misteriosa
De aquella tarde en la solemne paz.

La estampa guardan de su planta breve
Las arenas que lenta atravesó,
Y hora la imprime, precursora y leve,
Del prado ameno en el vivaz verdor.

El valle cruza, la colina sube
Cual cerbatillo de su madre en pos...
¡Mas no! sin rumbo, como vaga nube
Que impulsa a su capricho el aquilón.

Luego tras tantas vivas transiciones
De languidez y agitación febril,
Reposo busca y blandas sensaciones,
Que hagan más ledo al corazón latir.

¡Vedla! del bosque en la perenne sombra
La halla la noche que se extiende ya,
Muelle tendida en la florida alfombra
Bajo el dosel de un pino secular.

Llega a besar sus plantas de alabastro,
De un arroyo la linfa de cristal,
Y en las orillas húmedas, su rastro
El césped guarda que regó al pasar.

Pálido el astro de los dulces sueños
Sale a alumbrar la etérea soledad,
Y la puebla de plácidos beleños,
Que va esparciendo el céfiro fugaz.

Y en tanto que alza insomne filomena
El eco flébil de su dulce voz,
Largo y agudo en lontananza suena
De la cigarra el importuno son.

Amia  aún no duerme, mas tampoco vela,
Que en éxtasis dulcísimo cayó,
Lánguida cual la luna que riela
En su alba faz el desmayado albor.

Así sumida en estupor que halaga...
(¡Callad y atentos mi canción oíd,
Que hora en las cuerdas de mi lira, vaga
De gran misterio exposición sutil!)

Así a los ojos de su ansiosa mente,
Que ajena se halla de su cuerpo ya,
Súbito brilla aparición fulgente,
Que el Éter puro esclareció al bajar.

¡Ella te mira, espíritu divino,
Del ser Eterno eterna emanación!
¡Rey de los mundos, móvil del destino,
Ella te mira y te conoce, Amor!

Cuántas bellezas la cadena enlaza
De la augusta e inmensa creación,
Que en su grandeza interminable abraza
Desde el querube hasta la humilde flor.

Todas unidas forman la apariencia
De aquel sublime, inexplicable ser;
Cual si encerrase su divina esencia
El germen primordial de cuanto es.

El mundo material y el invisible
Aquel sumo poder compendia en sí,
Que en él reúne un lazo indefinible
Cuanto se puede amar y concebir.

            * * *

Suena su acento halagador y grave;
«¡Virgen! pronuncia, el universo vasto
Nada tan bello como tú me ofrece,
              Nada tan casto!

»Soplo exhalado de mi labio ardiente
Es el principio del sentir fecundo,
Soplo que llena de infinita vida
              Todo este mundo.

»Todo este mundo con mis leyes rijo;
Todo lo mueve mi atracción eterna;
Tengo en la altura, que mi nombre acata,
              Silla superna.

»Hay de allá lejos, por misterio triste,
Ángeles nobles, que disfraza un velo,
Y a ellos me place revelar benigno
              Goces del cielo.

»Bien que no alcancen mi sustancia pura,
A mí los lleva aspiración secreta,
Siempre sus votos mi cadena de oro
              Blanda sujeta.

»Íntima en ellos mi sagrada llama
Brilla, y remonta su fecunda lumbre
Fuera del orbe, a iluminar la etérea
              Célica cumbre.

»Nacen algunos de mi excelsa mano
Sello llevando, que respeta el mundo;
Otros ¡ay! locos, su corona al cieno
              Lanzan inmundo.

»Alto tu origen, alto tu destino
Plúgome hacer, y te elegí por mía...
¡Virgen, el aire que aspirando bebes
              Es poesía!

»Hondo secreto tu existencia encubre,
Gózate, empero, si tu instinto regio
Da testimonio que te cupo en suerte
              Gran privilegio.

»Fácil no empero tu camino juzgues;
Mil negras simas se abrirán profundas;
Alas por eso te daré ligeras:
              ¡Nunca te hundas!

»¡A ti mi soplo elevador desciende!
¡Orlas de fuego a tu ropaje doy!
Ya eres de Amor  la desposada augustal
              ¡Ya tuyo soy!

»Siempre invisible por do quier te sigo;
Siempre ha de ser tu aspiración hallarme;
¡Mas nunca, nunca con profana mano
              Quieras tocarme!»

            * * *

Esto con voz dulcísona
Dice el sublime espíritu,
Bate sus alas nítidas,
De Amla en la tersa sien.

Ornala al punto súbito
Grato esplendor purísimo,
Sello de suerte insólita,
Prenda de eterno bien.

Luego su vuelo rápido
Toma el esposo alígero,
Rastro dejando fúlgido
Por el etéreo azul.

Roto el encanto mágico
Se alza la virgen trémula,
Late su seno mórvido
Bajo su blanco tul.

Brillan sus ojos límpidos
Con entusiasmo férvido,
Y sus miradas ávidas
Van del amante en pos:

¡Mas ya le velan próvidas
Nubes de plata y púrpura!
¡Ya ni las huellas plácidas
Quedan del almo Dios!

Noviembre de 1849

autógrafo

Gertrudis Gómez de Avellaneda


La autora de estas poesías se entretenía en la composición de un poema titulado La Desposada de amor o la nueva Psiquis, en los últimos días del año 1848. Teniéndolo ya muy adelantado cuando algunos meses después perdió sus borradores, y no conservando en la memoria ningún fragmento considerable, solo ha podido insertarse en el presente volumen este que se había publicado en un periódico de literatura, y que más tarde ha sido bautizado por la autora con el nuevo título que aquí le damos.


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