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        LAS ALMAS HERMANAS.

            A ZORRILLA

            Contestación

Muy joven eras, de mí distante,
Del mundo acaso desconocido,
Cuando de pronto voló vibrante
De tu arpa un eco, que hirió mi oído.

¿Por qué ¡responde! de aquel instante
La impresión grata jamás olvido?
¿Por qué en la tierra vagando errante,
Do quier de tu arpa seguí el sonido?

Es que un alma fraterna
              Reconocía
Mi alma, y con voz interna
              Le respondía:
              Así sin verte
Ya entre los dos mediaba
              Vínculo fuerte.

              ¡Genio fecundo!
Sentí yo entonces lo que hoy columbras;
Lo que ni aun hora comprende el mundo...
              ¡Sí, ya sabia
Que, sin la gloria conque deslumbras,
De tu alma hermana nació la mía.

    ¿Y tú me dices que encumbre el vuelo,
Y que a Querubes de altiva ciencia
Preguntar ose si puso el cielo
En nuestros genios la misma esencia?
    Si de dudarlo nació tu anhelo,
Yo, más dichosa, tengo evidencia
Que, aunque las cubra distinto velo.
Un alma habemos y una existencia.

              Yo, si en ti cabe duda,
              Puedo afirmarlo,
              Aunque al cielo no acuda
              Para indagarlo;
              Pues miro y siento
Que es gemelo del tuyo mi pensamiento.

              ¡Vate divino!
Si cada acento que ardiente exhalas
Yo lo comprendo, yo lo adivino,
              ¿Dudar podría
Que, aunque se vistan distintas galas,
Son dos hermanas tu alma y la mía?

    Por eso entrambas de amor ajenas,
Con lazos se unen de mas valía,
Y del cariño fraterno llenas
Entrambas viven de poesía.
    Aun a distancia partir sus penas
Sabrán ¡oh amigo! cual su alegría,
Y de este mundo saldrán serenas
Dejando un rastro de su armonía.
              ¡Las dos una fe tienen,
                  Un Dios adoran,
              Y de una patria vienen
              Y a par la lloran;
                  Así en su vuelo
    Juntas saldrán triunfantes
              Del triste suelo!

              ¡Vate sublime!
¡Cuándo en él suelten la vil escoria
Del frágil cuerpo, que las oprime,
              Verás que ufanas
Allá ceñidas de eterna gloria
Se dan los brazos las dos hermanas!

Julio de 1850

autógrafo

Gertrudis Gómez de Avellaneda


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