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      UNA VISITA

Beso sus pies, mi señora.
—Servir a usted, caballero.
Siéntese usted. —Muchas gracias.
—Parece que está molesto;
Tome el sofá. —No, señora,
Estoy aquí bien, aprecio.
—Es que suele el taburete
Ser muy incómodo asiento.
—No, mi señora, estoy bien
Donde quiera que me encuentro.
¿No tiene usted novedad?
—No, señor, gracias. —Celebro:
¿Y el señor don Luis? —Salió
A la calle ha poco tiempo,
Sin novedad. —¿Y el chiquito?
—Gracias, señor, está bueno.
¡Es tan gracioso! ¡si viera!...
¡Tan lindo, que es un portento!
Josefa, trae a Lisandro
A que le hable a don Anselmo.
(Y no responde) ¡Josefa!
¡Josefa! (¡si se habrá muerto!)
¿Pues ve usted? Si las criadas
Sólo sirven de tormento...

—Sí, señora, y es difícil
Encontrar una entre ciento.
—Permítame usted, señor,
Que dentro de poco vuelvo.
Quizá será que Lisandro
Todavía esté durmiendo.
—No vaya usted, mi señora,
A despertarle. —No; creo
Que está en el jardín jugando
Le traigo en este momento.

Dispense usted que le haya
Dejado solo. —Yo siento
Haber a usted molestado...
—No es molestia, don Anselmo.
Aquí le traigo a Lisandro,
Va usted a ver su despejo.
¡Jesús! ¡qué ropa tan sucia!
¡Parece sepulturero!
Venga, le ato la camisa,
Que tiene suelto ese cuello;
No le paran los botones,
Pues los arranca al momento;
Nada le dura... Es preciso
Hacerle ropa de cuero.
Arrímese, Lisandrito,
¿No saluda a don Anselmo?
No sea tonto... —Venga acá...
¿No me saluda? —No quero,
—¡Ja ja ja ja! ¡qué gracioso!
Mírele usted... ¿no es muy bello?
—Sí, señora, y no desmiente
Que usted lo llevó en su seno.
Lisandro, ¿no me conoce?
Venga acá. —¡Qué majadero!

No le doy una cosita
Si no le habla a don Anselmo.
Si usted le viera, señor,
Cuando está solo; ¡qué juegos!
¡Qué gracias dice! ¡no cesa
De hablar y decir portentos!
Le viera usted remedar
A cuantos pasan; ¡al perro
Lo imita tan bien!... Lisandro,
¿Cómo hace Turco? —No quero.
—¿Así se dice á mamá?
¿Qué dirá este caballero?
Que es bobo; no, pero el niño
Sí me obedece, ¿no es cierto?
Remede a Turco, mi hijito,
Y esta tarde va a paseo.
¿Cómo hace? ¿a ver?
                      —Guá, guá, guá.
—¡Qué bien lo hace! deme un beso.
—La fábula diga ahora
Que aprendió en Samaniego.
—¿Y sabe leer el chiquito?
—No, señor, ya va aprendiendo
Con una facilidad...
Casi todo el alfabeto
Lo sabe, y apenas hace
Unos seis meses y medio
Qpe empezó a aprender, pues tiene
Un admirable talento.
—Sí, señora, y lo demuestra
Lo que ha aprendido tan presto.
—Sí, señor, para su edad
Son seis meses poco tiempo...
—¿Y qué edad tiene? —Siete años
Ha de cumplir en febrero,
Y así tan niño se aprende
Cualquier cosa en un momento.
Diga, pues, la fabulita;
Deje el gato; estese quieto:
¡A ver! con formalidad;
Lisandro, no sea travieso.
La de la Zorra y el Busto,
Que estudió con tanto empeño.
La Zorra le dijo al Busto
Cuando lo olió...
                  —¡Bueno! ¡bueno!
Siga... ¿a ver?... ¡ya no se acuerda!
Bonito pero sin seso.
—¡Muy bien; muy bien! Lisandrito
Deme un abrazo, mi cielo.
¿No dijo con mucha gracia
La fábula, don Anselmo?
—Sí, mi señora, muy bien;
Habla con mucho despejo.
—¡Y hasta oído de poeta
Va sacando el bribonzuelo!
—Sí, señora, pues recita
Con mucha gracia los versos.
—Sí ¡esto es una maravilla!
¿No es cierto, mi hijo? ¿no es cierto
Que en usted tengo un tesoro?
¿No es cierto que vale un reino?
Don Anselmo, le aseguro
Que saben en estos tiempos
Tantas cosas los muchachos
Que se hace dudoso creerlo;
Por esta razón yo juzgo
Que aprendidos nacen.
                      —¡Cierto!
Dice usted muy bien, y sabe
Mas un muchacho que un viejo.
Mi señora, hasta otro rato.
—¿Por qué tan pronto? yo espero
Que no se vuelva a perder
Otra vez por tanto tiempo.
—Sí, señora, y más despacio
Volveré... Mucho celebro
Que se halle sin novedad.
—Hasta después, don Anselmo.

Y así salió renegando
Este pobre caballero,
Harto ya de necedades
De la madre y del chicuelo.
Al verse libre en la calle
Alzó las manos al cielo,
Dándole gracias a Dios
Que en libertad le ha puesto;
Pero lleno de basura
Y ajado vio su sombrero;
Se halló con bastón sin borlas,
Y con un guante de menos;
Manchados los pantalones,
Sucios casaca y chaleco,
Y hasta entonces conoció
De Lisandrito el portento.

1845

autógrafo

Gregorio Gutiérrez González


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