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        LA LÁGRIMA
    (Traducción de Byron)

Cuando el amor o la amistad debieran
A la ternura despertar el alma,
Y ésta debiera aparecer sincera
            En la mirada,
Podrán los labios engañar fingiendo
Una sonrisa seductora y falsa;
Pero la prueba de emoción se muestra
            En una lágrima.

Una sonrisa puede ser a veces
Un artificio que el temor disfraza,
Con ella puede revestirse el odio
            Que nos engaña;
Mas yo prefiero para mí un suspiro
Cuando los ojos, expresión del alma,
Por un momento miro oscurecerse
            Con una lágrima.

El hombre surca el ignorado océano
Con el soplo del viento que le arrastra
En medio de las olas bramadoras
            Que se levantan;
Se inclina... y ve las ondas procelosas
Que amenazante a su nave avanzan,
Mira el abismo... y a sus aguas turbias
            Mezcla una lágrima.

En la carrera de la noble gloria
El valeroso capitán se afana
Por ganar con su muerte una corona
            En las batallas;
Pero levanta al que postró en el suelo,
Y sus heridas compasivo baña
Una por una, en el sangriento campo,
            Con una lágrima.

Y cuando vuelve henchido de ese orgullo
Que hace latir el pecho que avasalla
Cuando teñida en enemiga sangre
            Cuelga su espada:
Se recompensan todas sus fatigas
Al abrazar a su consorte amada
Y al darle un beso en sus mejillas, húmedas
            Con una lágrima.

¡Dulce mansión de mi niñez perdida
Do la franqueza y la amistad gozaba,
Donde en medio de amor vi deslizarse
            Las horas rápidas!
Yo te dejé con hondo sentimiento,
Volví hacia ti mis últimas miradas,
Y apenas pude percibir tus torres
            Tras una lágrima.

Aunque no pueda repetir como antes
Mi juramento a mi María cara,
A la que fuera para mí otro tiempo
            Fuego de mi alma;
Tengo presentes los felices días
En que, niños aún, tanto me amaba,
Cuando ella contestaba a mis promesas
            Con una lágrima.

¿En otros brazos puede ser dichosa?
¿Tiene el recuerdo de su edad pasada?
Mi corazón respetará ese nombre
            Que tanto amaba.
Con un suspiro renuncié a la dicha
Que en ella sola para mí soñaba,
Y dije adiós a mi esperanza loca
            Con una lágrima.

Cuando al imperio de la eterna noche
Tome su vuelo para siempre mi alma,
Cuando mi cuerpo exánime descanse
            Bajo una lápida,
Si por ventura os acercáis un día
Donde mi triste sepultura se halla,
Humedeced siquiera mis cenizas
            Con una lágrima.

Yo no apetezco mármol... monumento
Que a la ambición la vanidad levanta;
Manto suntuoso con que el necio orgullo
            Cubre su nada.
No darán sus emblemas a mi nombre
El falso orgullo ni la gloria vana,
Lo que yo quiero, lo que pido solo,
            Es una lágrima.

1848

autógrafo

Gregorio Gutiérrez González


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