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A MEDELLÍN DESDE EL ALTO DE SANTA ELENA

                        I

Allí está Medellín, la hermosa villa,
Muellemente tendida en la llanura,
Cual una amante, tímida hermosura
Reclinada en el tálamo nupcial.
Allí está Medellín: su sol ardiente
La hace ostentar su gala y sus primores,
Y la da los fantásticos colores
Del magnífico Edén del oriental.

Ciñe su talle esbelto su ancho río
Cual cinturón de perlas y de plata,
Y en su onda limpia la beldad retrata
Y allí su imagen sonreída ve.
Murmura el río enamoradas voces,
Para adormir a su coqueta reina,
Y ella en sus aguas sus cabellos peina
Y moja en ellas el desnudo pie.

Cual reina joven del pomposo valle
Que de su trono en derredor se extiende,
Cuanto su vista en la extensión comprende
Domina con su vista en la extensión.
Los ojos gozan y los labios callan
Al aspecto de tánta maravilla,
Y el caminante al contemplar la villa,
Le tributa su ardiente admiración.

                        II

Mirad a Medellín, cuál reverbera
Con los rayos del sol en el cénit;
Cual mirada al través de una ancha hoguera,
Partículas de luz hierven allí.

Es el hermoso, trémulo paisaje
Que tiembla al beso de su ardiente sol,
Levemente encubierto en el celaje
Que en la llanura levantó el vapor.

Así se miran al través del sueño
Mundos de claridad, campos de luz,
Cuando de amor el porvenir risueño
Fascina la fogosa juventud.

                        III

Quédate, adiós, ¡oh Medellín! Tus galas,
Tu cielo azul, tu mágico paisaje,
El tiempo nunca destructor ultraje,
Ni el hombre insulte, ni entristezca el mal.

Siempre te hallen mis amigos ojos
Muellemente tendida en la llanura,
Cual una amante, tímida hermosura
Reclinada en el tálamo nupcial.

1850

autógrafo

Gregorio Gutiérrez González


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