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        A UN AMIGO QUE VUELVE DEL SUR

Tú, que has vuelto del sur, ¿ves diferente
mi elevación sobre la tierra oscura?
¿No ves una mortal arquitectura
surgirme abajo, poderosamente?

Pálpame bien. Lo que tu mano siente,
ya no es calor, es una quemadura,
y esa espada amarilla, la figura
de mi fuerza inclinándose al poniente.

Amigo, ven y púlsame la vida
ya sólo por milímetros. Herida
se oye mi voz y en sombras emboscada.

Es verdad este cósmico castigo,
y es de mi sorda destrucción testigo
la imagen que te doy despedazada.

autógrafo

Germán Pardo García


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