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  LOS POEMAS DEL DOBLE

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Cerré la puerta y esperé a mi doble.
Pero en lugar del rostro acostumbrado
brotó de la pared blanca
una guacamaya color rojo incendio.

Como una flecha azul
—jacinto alucinante—,
aterrizó en la mesa
un loro de ojos amarillos.

Luego llegaron los Kandinskys,
las alas alzadas de azul,
el vientre anaranjado, la cabeza morada
y la garganta una J jadeante.

Todo él una melodía de verdes,
llegó el loro irrefutable.
el pecho. el pico, el cuello.
la cabeza verdes.

N i uno solo necesitaba presentar
credenciales de lo que era. Había
en mi mente una convención de loros.
Iban a elegir al más bello de todos.

Empezaron a discutir sobre e! valor
de! verdeser, e! verdecera, el verdecampo,
e! verdeazul, e! verdecárdeno y e! verde!ívido.

En vista de las circunstancias,
aplacé hasta e! día siguiente
e! encuentro con mi doble

autógrafo

Homero Aridjis


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