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        LA SALA DESIERTA

Su ventana está cerrada,
La ventana en que solía
Asomar su faz mi amada
Cuando la tarde moría.

Quiero mi mundo evocar,
Paraíso de quimeras...
Voy lo de adentro a observar
Al través de las vidrieras.

A la sala silenciosa
Dirijo, inquieto, la vista,
Y al ver que todo reposa
Mi corazón se contrista.

En medio a tanto mutismo,
Cómo su ausencia resalta...
Todo está, todo, lo mismo...
¡Ella solamente falta!

Ya truncada estás, historia!
Ensueños, ya sois huidos!
Cuál llegan a mi memoria
Aromas de tiempos idos!

La silla que se halla al frente,
Muelle parece que aguarda
A la que lloro yo ausente,
Aquella que tanto tarda.

En la tallada consola
Está abierta la novela
Que leía cuando sola
Pasaba la noche en vela,

Como en aquella doliente
Noche del último adiós,
Cuando besé su alba frente,
Cuando lloramos los dos...

Como en noches de agonía,
Noches de rayos y lluvia,
Cuando en las manos hundía
La hermosa cabeza rubia...

Un ramo casi deshecho
Mis ojos miran allí...
¡El que llevaba en el pecho
La última vez que la vi!

Parece que ecos de danzas
Cruzan el salón desierto...
El libro de las romanzas
Está sobre el piano abierto;

Y como todo lo abrasa
El sol con sus resplandores,
En el patio de la casa
Secas estarán las flores.

En medio a tanto mutismo
Cómo su ausencia resalta...
Todo está, todo, lo mismo
¡Ella solamente falta!



Ismael Enrique Arciniegas


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