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        EL VIRREY

Salió el Virrey de Palacio,
Tarde triste en Santa Fe.
Por Santa Inés va despacio...
Pensativo se le ve.

Capa de velludo. Y hecho
Para ser dueño de grey;
Rica venera en el pecho...
¡Qué gentil es el Virrey!

El Oidor que lo acompaña
Le dice, por algo hablar:
—«Doña Inés de Silva Omaña
Mañana va a profesar».

—«Ah!... Sí!», responde. Y al punto
Se alza el embozo. Después,
Desandando, cejijunto,
Murmuraba: «¡Doña Inés!...»

Y más y más embozado
Sentía extraño temblor...
El Virrey volvió callado,
También callaba el Oidor.

Y vino el siguiente día;
Día de silencio fue.
Todo era melancolía
Y era asombro en Santa Fe.

En Santa Inés, casto ruego,
Luz que busca eterna luz.
En la ermita de San Diego
Abre sus brazos la Cruz.

¡Adiós, humana lisonja!
¡Adiós, amor terrenal!
Doña Inés vistió de monja,
Y el Virrey vistió sayal.



Ismael Enrique Arciniegas


Nota de autor: El Virrey don Joseph Solís Folch de Cardona renunció su elevado cargo, en plena juventud, y entró de novicio al Convento de San Diego, en Santa Fe de Bogotá, en 1761. Esa determinación súbita de él ha sido un misterio para los historiadores.


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