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        TRADUCCIÓN DE VICTOR HUGO

        NOCHE DE VERANO

La noche de verano que amante nos cubría
De ti era digna: ¡el cielo tantos astros tenía!
¡Tan diáfano en las sombras era su azul turquí,
Tan gratos sus rumores en el boscaje umbrío,
y tanta la dulzura que bajaba en rocío
                        Sobre ti y sobre mí!

Tus manos en las mías, mi espíritu de hinojos,
Te admiraba en silencio, porque en tus bellos ojos
Cuanto es amor y dicha veía yo irradiar.
y sin nada decirnos en esa dulce calma,
El ensueño que en tu alma comenzaba, en mí alma
                        Venía a terminar.

y a Dios en lo más íntimo del alma bendecía
Porque a ti y a la noche dio secreta armonía,
y porque una infinita ternura puso en mí,
y os hizo. a ti y la noche, tan puras y tan bellas,
y a la callada noche dio encantos y dio estrellas,
                        y la hermosura a ti.

A Dios, en nuestras almas, con un amor profundo
Bendigamos contritos; hizo tu alma y el mundo,
y es él quien a mi pecho dio anhelos y dio amor.
Es él quien en su fondo todo misterio encierra;
Es él quien brillar hace tus ojos en la tierra,
                        y al astro da fulgor.

Es él quien hizo siempre del amor faro y guía;
El, quien hizo la noche más hermosa que el día,
y al amor dio la fuerza de vencer al dolor.
Es Dios quien en tu cuerpo, don de su mano pura,
Como en celeste copa derramó la hermosura,
                        y en mi alma, el amor.

Déjate amar, bien mío. Sólo vive quien ama;
El amor es la vida, lo que la mente inflama,
Lo que deplora el hombre su vida al declinar.
Sin él, nada es completo, y a él todo se eslabona.
La belleza es la frente, y el amor la corona:
                        ¡Déjate coronar!

Lo que llena el espíritu batallador del hombre
No ha sido nunca el oro, ni aún el mismo renombre,
Polvo vil que traemos de la lucha feral;
Ni la ambición que siempre va tras quimera vana,
y roe lentamente cuanto en la vida humana
                        Es anhelo ideal.

Lo que basta es el cambio risueño de miradas,
Los ahogados suspiros, las manos enlazadas,
El beso, licor de éxtasis, aroma de ilusión;
Todo lo que adivina la mente en otra mente,
y todas las canciones que surgen de la ardiente
                        Lira del corazón.

No hay nada bajo el cielo sin una ley secreta;
Todo tiene su abrigo, su retiro y su meta
Do el instinto nos fija: su barca, el pescador;
El águila, las cumbres do en clara luz se baña,
El lago azul, el cisne; y el ave, la montaña...
                        Las almas, el amor.

Ismael Enrique Arciniegas


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