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EN LA DISTRIBUCIÓN DE PREMIOS DEL COLEGIO DESFONTAINES

(QUE SE VERIFICÓ EN EL GENERAL DEL ANTIGUO COLEGIO DE LETRÁN)

          (INÉDITA)

...Apartad de la guerra fratricida,
Vuestros cansados ojos... ved ahora,
Esta esperanza dulce y seductora
De la Patria infeliz, patria querida,
Enmedio de la negra desventura,
Cuando demandas moribunda al cielo,
Pase de ti ese cáliz de amargura,
Te escucha Dios y un ángel de consuelo
Te muestra esa niñez hermosa y pura.

Esa niñez que hoy tímida, inocente
Ya recoge afanosa en los umbrales
Del templo del saber, para su frente
Guirnaldas mil y mil primaverales
Y augura ya desde su edad temprana
Que irá atrevida a conquistar mañana
De la ciencia los lauros inmortales.

Hoy que la vida duelos nos ofrece,
Hoy que la mente sin consuelo vaga
Y abandonarnos el Señor parece,
Esta luz adorable no se apaga,
Esta dulce esperanza nos halaga,
Este ensueño de paz nos adormece.

Se columbra, cada año que se avanza
En la noche del tiempo, nueva aurora,
Encierra el porvenir nueva esperanza,
Nos alumbra una luz más brilladora,
La tierna juventud menos alcanza
De esta fiebre cruel que nos devora,
De este furor de un tiempo de matanza
En que, en lucha postrer el fanatismo
A la ignorancia exalta fratricida
O enmascara falaz al ateísmo.

Viéndolo estáis... la humanidad camina
Y ¡cuán grandiosa y fuerte se presenta
Con el sol alumbrada de la imprenta
Y armada con el rayo! La divina
Libertad de este siglo todo inventa,
Todo lo inútil del pasado arruina.

De la vil ignorancia las postizas
Galas rodaron en menudas trizas,
De odiosos privilegios los vestigios
Cayendo van y tórnalos cenizas
El poderoso aliento de los siglos.

 .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .
 .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .

¡Oh! sí, pura niñez, tuyo es el día
De luz y paz, de verdadera gloria,
Tú no tendrás de esta época sombría
Sino la amarga y fúnebre memoria.

Dios que contempla nuestro mal te ayuda,
Él prepara la dicha a tu inocencia
Espera, espera, a una época de duda,
Va a suceder un tiempo de creencia.

La igualdad de la ley a la insolencia
De los hombres soberbios y mezquinos,
Y va a regir entonces tus destinos
En lugar del cañón, la sacra ciencia.

Vas a ser más feliz, niñez querida,
Que los jóvenes harto desdichados
Que alcanzamos un tiempo de tristeza,
Que al contemplar nuestra ilusión perdida,
Nos sentimos de duelo quebrantados,
Inclinamos temprano la cabeza,
Y cruzamos la senda de la vida,
Escépticos, tal vez o indiferentes,
Con el alma cansada y dolorida,
Y una arruga precoz en nuestras frentes.

Tú no serás así, tu edad de flores
De sueños y esperanzas lisonjeras
Muy pronto va a pasar, pero tú esperas...
¿Qué te importan del mundo los furores?
Aquel que siente de virtud la calma,
Aquel que sigue el bien y en Dios confía,
El huracán del mundo desafía
Y afronta el porvenir, serena el alma.

Vas a ser más feliz... pero no olvides
De loca juventud en la inconstancia,
Estas horas serenas de la infancia
Si, para siempre de ella te despides.

Conserva su memoria dulce y blanda
Que te hará mucho bien en este suelo
En tus momentos de amargura infanda
Y en tus horas de duda y desconsuelo.

Que cuando brota del pesar el lloro
Y el alma gime de dolor herida,
Alivia el recordar los sueños de oro
De las risueñas albas de la vida.

¡Cuántas veces recuerdo mi montaña
Sus altas arboledas cimbradoras,
El ancho río que sus rocas baña,
Y aquel humilde albergue, la cabaña,
Donde pasé de mi niñez las horas!

¡Cuántas también de mi cristiana madre
El puro y tierno y celestial cariño,
De esa pobre mujer que fue mi encanto,
Que dirigió mi corazón de niño,

Que me enseñaba al borde de las fuentes,
Debajo de las ceibas seculares,
O al rumor de los blandos platanares,
Oraciones sencillas y fervientes
Que repetí con labios balbucientes,
De la agreste capilla en los altares,
Guando el incienso con los frescos ramos
De mirtos y caléndulas silvestres
Iba a ofrecer como homenaje tierno
A la virgen del campo, protectora
De la pobreza de mi hogar paterno!

Pero basta, niñez... iba a decirte
Que soy feliz al ver sobre tus sienes
La corona más bella de la infancia
Que como premio de tu afán obtienes.
Hoy del triunfo te halaga el dulce arrullo
Y para ser tus dichas más cabales,
Ve a presentar tu frente con orgullo
A los ardientes besos maternales.

Lleva la dicha en tu cariño santo
A tu modesto hogar, y aun espera
Si conservas constante tu ardimiento
Más guirnaldas coger en tu carrera.

Aguarda, aguarda, llegará tu día,
Tal vez muy pronto con placer lo veas
Espera en Dios que tu camino guia,
Y hasta llegar allá... ¡bendita seas!
¡Dulce esperanza de la Patria mía!

1858.

autógrafo

Ignacio Manuel Altamirano


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Libro III. Cinerarias