Garcilaso de la Vega (1501-1536)

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A Dafne ya los brazos le crecían

A la entrada de un valle, en un desierto

Amor, amor, un hábito vestí

Aquella voluntad honesta y pura

Boscán, las armas y el furor de Marte,

Boscán, vengado estáis, con mengua mía

Clarísimo marqués, en quién derrama

Como la tierna madre, que el doliente

Con ansia extrema de mirar qué tiene

Con tal fuerza y vigor son concertados

Cuando me paro a contemplar mi estado

De aquella vista buena y excelente

Dentro de mi alma fue de mí engendrado

Echado está por tierra el fundamento

ÉGLOGA III. TIRRENO ALCINO

En fin, a vuestras manos he venido

En tanto que de rosa y de azucena

Escrito está en mi alma vuestro gesto

Estoy continuo en lágrimas bañado

Gracias al cielo doy que ya del cuello

Hermosas ninfas, que, en el río metidas

Ilustre honor del nombre de Cardona,

Julio, después que me partí llorando

La mar en medio y tierras he dejado

Mario, el ingrato amor, como testigo

Mi lengua va por do el dolor la guía

Nadi puede ser dichoso,

No pierda más quien ha tanto perdido

No las francesas armas odïosas

¡Oh dulces prendas, por mí mal halladas

¡Oh hado ejecutivo en mis dolores

Pasando el mar Leandro el animoso

Pensando que el camino iba derecho

Por ásperos caminos he llegado

Señora mía, si yo de vos ausente

Si a vuestra voluntad yo soy de cera

Si para refrenar este deseo

Si quejas y lamentos pueden tanto

Siento el dolor menguarme poco a poco

SONETO I

SONETO II

SONETO III

SONETO IV

SONETO V

SONETO VI

SONETO VII

SONETO VIII

SONETO IX

SONETO X

SONETO XI

SONETO XII

SONETO XIII

SONETO XIV

SONETO XV

SONETO XVI

SONETO XVII

SONETO XVIII

SONETO XIX

SONETO XX

SONETO XXI

SONETO XXII

SONETO XXIII

SONETO XXIV

SONETO XXV

SONETO XXVI

SONETO XXVII

SONETO XXVIII

SONETO XXIX

SONETO XXX

SONETO XXXI

SONETO XXXII

SONETO XXXIII

SONETO XXXIV

SONETO XXXV

SONETO XXXVI

SONETO XXXVII

SONETO XXXVIII

Sospechas, que en mi triste fantasía

Un rato se levanta mi esperanza: