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Somos agua, aire y sal, como la espuma oceánica.
Tentativa del viento para variar su norma.
Mi cuerpo se estremece de vapor de noche,
aún sujeto al influjo de remotas mareas.

Somos hijos del mar, peces con pies y manos,
muriendo en fabulosos laberintos de escamas.
El árbol crece recto con propensión de mástil,
pero el telón abdica su eficacia de vela.

Naúfragos milenarios sobre tierra firme,
todavía nos duele secretamente el mar.
La sangre es una terca finalidad de río,
y el amor edifica monumentos de espuma.

Somos agua, aire y sal como sabor del tiempo.
Hay voces que llaman.

autógrafo

José Ángel Buesa


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