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Estáis solos. Atrozmente solos.
Peligrosamente solos.
Sobre el volcán de toda soledad.
Hemos abandonado las tribunas,
y despreciado a todos los poderes.
La historia de una bárbara ruptura.
Nuestra imaginación ya está en canciones,
nuestra más terminante disidencia.
El más atroz pesimismo.

Os quedáis solos
rodeados de mil lunas de silencios,
de la grandiosidad eliminada
de los amaneceres y crepúsculos,
de las inmensas noches estrelladas.
Alejados del árbol y su sombra.
Por siempre perdidos sin estrellas.

Os quedáis a solas salmodiando
violentadas formas de vida,
y de la libertad lúgubres prédicas,
desprestigiando insomnes realidades,
sin hacer nada real, nada eficaz,
en estruendoso actuar sobre lo ajeno,
en las complicaciones más aciagas,
en los más inquietantes quehaceres,
el turbio lenguaje de amuletos,
de los ceremoniales y los himnos,
ideas de grandeza y de engaño,
complejos, repulsiones, grandes vicios
al reverso de toda dignidad.

Y también a solas nos quedamos.
Al sol de una tapia inmemorial,
en la remota y única pared.
Con la única certeza de un mundo
tan sólo por las noches presidido
bajo la inmensa música del mar.

José Antonio González-Haba


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