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    CANCIÓN LXVIII

Claros y frescos ríos
que mansamente vais
siguiendo vuestro natural camino;
desiertos montes míos,
que en un estado estáis
de soledad muy triste de contino;
aves, en quien hay tino
de descansar cantando;
árboles que vivís,
y en fin también morís,
y estáis perdiendo a tiempos y ganando;
¡oídme juntamente
mi voz amarga, ronca y tan doliente!

Pues quiso mi ventura
que hubiese de apartarme
de quien jamás osé pensar partirme;
en tanta desventura
conviene consolarme,
que no es agora tiempo de morirme.
El alma ha de estar firme:
que en un tan bajo estado
vergonzosa es la muerte;
si acabo en mal tan fuerte,
todos dirán que voy desesperado;
y quien tan bien amó
no es bien que digan que tan mal murió.

He de querer la vida,
fingiéndome esperanza,
y engañar mal que tanto desengaña.
Fortuna tan perdida
ha de traer bonanza.
No durará dolor que tanto daña.
Un mal que así se ensaña,
amansará si espero.
Adonde voy, iré:
y en fin yo volveré
a ver mi bien, si triste no me muero.
Pero, ¿quién pasará
este tiempo? que mucho tardará.

Pasaré imaginando;
si en hombre tan revuelto
puede el imaginar hacer su oficio,
pensaré cómo y cuándo
podré verme ya vuelto
do hizo amor de mí su sacrificio;
y tomaré por vicio,
figurar la que quiero;
hablándole en ausencia
harto más que en presencia.
Contarle he desde acá cómo allá muero;
y mi voluntad mucha
me hará parecer que ella me escucha.

Agora ya imagino
lo que estará haciendo.
¿Pensando estoy, quizá si piensa en mí?
El gesto determino,
con que estará riendo
de cual estuve, cuando me partí.
Aunque según sentí
cuitado, la partida
no cabe en su valor
que no sienta dolor
de tan amarga y cruda despedida.
Tan triste partí yo,
que aunque no quiera, ella lo sintió,

Las horas estoy viendo
en ella, y los momentos:
cada cosa pongo en su sazón.
Conmigo acá la entiendo:
pienso sus pensamientos:
por mí saco los suyos cuales son.
Díceme el corazón,
y pienso yo que acierta:
ya está alegre, ya triste;
ya sale, va se viste;
agora duerme, agora está despierta.
El seso y el amor
andan por quien la pintará mejor.

Viéneme a la memoria,
donde la vi primero,
y aquel lugar do comencé de amalla;
y náceme tal gloria
de ver cómo la quiero,
que es ya mejor que el vella el contemplalla.
En el contemplar halla
mi alma un gozo extraño.
Pienso estalla mirando;
después, en mí tornando,
pésame que duró poco el engaño.
No pido otra alegría,
sino engañar mi triste fantasía.

Mas esto no es posible:
vuélvome a la verdad,
y hállome muy solo, y no la veo.
Paréceme imposible
que ya mi voluntad
Traiga más en palabras mi deseo.
Mil negocios rodeo,
por descansar un poco;
y en toda cosa pierdo,
sino en el desacuerdo.
Libro mucho mejor cuando estoy loco.
Mira qué gentil cura,
que es forzado valerme con locura.

El vano imaginar
en yéndome, cayo
en cómo para vella no hay remedio.
Allí empiezo a pensar,
y en el pensar desmayo,
de ver cuántos lugares dejo en medio.
Si entonces me remedio,
rasgo más la herida,
viénenseme a los ojos
los presentes enojos,
y los gozos de la pasada vida.
Cada palmo de tierra
para mí triste es ora una gran sierra.

Tengo en el alma puesto
su gesto tan hermoso,
y aquel saber estar adonde quiera;
el recoger honesto,
el alegre reposo,
el no sé qué de no sé qué manera;
y con llaneza entera
el saber descansado,
el dulce trato hablando,
el acudir callando,
y aquel grave mirar disimulado.
Todo esto está ausente,
y otro tiempo lo tuve muy presente.

Contando estoy los días
que paso no sé cómo;
con los pasados no oso entrar en cuenta.
Acuden fantasías;
allí a llorar me torno,
de ver tanta flaqueza en tanta afrenta.
Allí se me presenta
la llaga del penar.
Hácenseme mil años
las horas de mis daños;
por otra parte, el siempre imaginar
me hace parecer
que cuanto he pasado fue ayer.

Algunas cosas miro
por ocuparme un rato,
y ver si de vivir terné esperanza.
Entonces más sospiro;
porque en cuanto yo trato,
hallo allí de mi bien la semejanza.
Por doquiera me alcanza
amor con su vitoria.
Mientras más lejos huyo,
más recio me destruyo:
que allí me representa la memoria
mi bien a cada instante,
por su forma contraria o semejante.

Cuanto veo me carga;
muestro holgar con ello,
por pasar y vivir entre la gente.
Si cayo con la carga,
levanto, y no querello,;
y sabe Dios lo que mi vida siente.
Mas tan crudo accidente
¿por qué no resiste?,
¿por qué mi sufrimiento
no esfuerza al sentimiento?
Cobra buen corazón, mi alma triste,
que yo la veré presto,
y miraré aquel cuerpo y aquel gesto.

Canción: bien sé donde volver querrías,
y la que ver deseas;
pero no quiero que sin mí la veas.

De la edición de Obras de Boscán y Garcilaso (portada)

Juan Boscán


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