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        LAS UVAS, LOS SOLES

Para este amor no pongo límites ni tiempo.
Y en verdad, cuando el día pasa y pasa
y suenan las espuelas del viento,
yo cubro mi desnudez de uva, mi soledad de liquen,
mi carbón hecho de ojos que han visto demasiado.
Cuatro cirios me esperan y bajo al sueño hierba
que vaga en pleno mediodía entre las plazas
y los caminos de viajantes lentos;
puño la arena como el moribundo que aprieta a la vida
y visito tenaz mi barrio detenido en la escama de un pez.
¡Qué astros girando sangre adentro, amigos!
¡Qué desove de soles cayendo en la mejilla del verano!
Veo los días que vienen.
De noche planté muslos
para que germinaran durante la primavera.
¡Ah no estoy triste, de veras! ¡No!
¡No estoy solo! me llamo Juan
y espiga lenta es mi boca.

autógrafo

Juan Bañuelos


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