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        PRIMOGÉNITO DESNUDO

Lo que vi por el ojo del abismo
fue cubierto por aguas que no conoce el mar.
Y me hallé solo en la mansión que tú no conociste,
allá en el fondo de los parques y los espesos bosques
donde las aves segadas por la aurora
cantaban quedamente el amor de los muertos más antiguos
sobre el rocío gris de la mañana.
En el amplio cavedio de la casa
llovía la claridad y las cosas
ya no sabían morir.
A lo lejos, las tumbas sollozaban...
(eso que tú si conociste,
eso terrible y solitario y junto).
Y fue el primogénito desnudo,
talado en sombra, cayendo, cayendo,
como la higuera deja caer sus brevas
bajo un sonoro viento largo.
El día colgaba de un bramante de ceniza,
la noche se sumergía en el mar
apoyada sobre sus grandes peces.
Esto vi por el ojo del abismo,
donde la luz sale de una tierna hendidura
y va a posarse en las montañas
Donde el camino es un viajero más.
Alzo mi corazón, levanto la mirada,
porque he aquí
que la alegría del dichoso pesa
como un racimo de vid.

autógrafo

Juan Bañuelos


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