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      REFLEXIÓN ININTERRUMPIDA

La soledad de las cosas que caen,
el paso del tranvía ahogándome este grito,
la tarde que levanta su lápida amarilla,
el encuentro que espera con su rostro de fósil,
el sastre que en la puerta pone el último
botón en las venas de un muerto,
los muslos separados de la joven que baja de un coche,
la cita que no llega,
la mano del deseo con su breviario sordo
nos señala un convento de celdas apretadas.
Ay el gesto enmohecido de la mujer de siempre
que al reflejo de un mismo fuego resplandece,
estas ganas de caminar a ciegas
y compartir la vida
como un pedazo de sol o de manzana.
Morir en los demás o los demás en uno.
Todo junto anidando en este árbol
donde reclino un monte de diluvios ardientes.
Todo solo,
todo junto es este instante
en que caigo empujado por una ola
de piedras agoreras.

autógrafo

Juan Bañuelos


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