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        MI SÍMBOLO DE ROSAS

Cuarenta abiertas rosas, abiertas en mi alma,
como un signo interpuesto a otro signo de misterio.
Nadie sabrá la palabra sin rasgos
    que ese número sostiene
en el amplio horizonte sin asta de mi mente.
Sólo tú, noche de tregua en el continuo social
declive de los hombres a quienes estoy agarrada
en un juego de manos, sabes mi ahora
    de rosas ascendentes
hasta el número cuarenta.

Podrán desamparados de la vida desterrarme
    de su sendero
de puentes angustiado de tanta ceremonia,
pero el sendero donde florecen esas rosas
    siempre abiertas
es mío, sólo mío, desde el fondo de ellas mismas
hasta la sonrisa de triunfo de mi imaginación.

Cuarenta abiertas rosas, abiertas en mi alma,
sostienen mi vida en fuga continua hacia adentro
sonreída de memorias.

El mar quiere treparse también por la palmera
    de sonidos
incrustada en mi ruta ascendente hasta el símbolo.
Él también sabe olas de amaneceres dolidos
    de esperanza.
Él también tuvo ojos en la noche de rosas
ascendiendo hasta el número cuarenta.

Mi símbolo...

Mi símbolo tiene memorias y flores angustiadas.
Sabe esperanzas vivas en un horizonte de ternura
y palmeras altas crecido por mi imaginación.

Ríe sombra de sueños realizados en la noche sin alas
que se ha quedado rondando de mi alma a mi cerebro.

Mi símbolo...

Mi símbolo sostiene cuarenta abiertas rosas,
abiertas en mi alma,
donde tú juegas a recoger estrellas en mis olas
de amaneceres dolidos de esperanza.

autógrafo
Julia de Burgos


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