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        BLASÓN

A niña que dulces amores sueña
la persigue el Duque de los halcones;
y si no mienten las fablas de la dueña,
se acercan doradas tribulaciones.

En la roja almena canta el autillo
y con miriñaque beldad se asoma;
y tiene encendido el dulce carrillo,
murmura y tiembla como la paloma.

La urraca se oculta. La niña mira
con sus ojos zarcones la aspillera,
ya con aliento de rosa suspira,
ya el cintillo descoge lastimera.

Vienen la coja reina y los nobles;
raudo el Duque procura alejamiento;
pero las ayas de los fustes dobles,
la aurora predicen del sufrimiento.



José María Eguren


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