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        LA MURALLA

Con bravío ceño
está la muralla,
frente al bosque bruno de encinas
¡parada!
Cual erguida sombra,
cual fiero fantasma,
al venir las brumas, aterra
el alma;
y con armadura
de peña canteada,
domina los siglos guerreros
en bronca batalla.
Del espanto reina
nefasta,
con lívidos huesos circunda
su cimera blanca.
Mas, en torvas horas,
treme la muralla;
los rudos sillares se inclinan,
los cóndores graznan;
y los temporales
con sus largos trenes avanzan;
y, con alaridos,
las furias le dan la batalla;
se eleva del monte
purpurina llama;
y encendidos troncos gigantes
baten la muralla;
redoblan tambores los mustios
seres de montaña,
que al hombre abominan
con iras calladas;
y obscurece el Sol de los muertos
la peña dorada:
¡mas, bravía al viejo, al infante
guarda la muralla!



José María Eguren


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