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        CANCIÓN FRÍVOLA

El jardín de plateados alelíes
y de arrayán, del estío en la tarde,
purpuraban ardientes colibríes.

En la quinta había luces chinescas,
y, al modular las gentiles canciones,
comenzaron las danzas pintorescas.

Un capullo de aromas esplendía;
y vagaban parejas caprichosas,
ceñidas de adorable pleitesía.

Sobre la arena azul de las fontanas,
galanes, como sátiros barbones,
ofrecieron las músicas paganas.

Y a su danzante murmuró Danira:
—«Un amor en la sombra nos escucha,
por no turbar el aire, ni respira».

Dice, muy quedo, a su pareja Dido:
—«Vamos, por esta vía intransitada,
a la corte de Clavel encendido».

Y sus alas batiendo, carmesíes,
al principiar los estivos amores,
murmuran inconstantes colibríes.



José María Eguren


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