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      ASTRO DEL ALMA

En la ojera profunda,
fría y amoratada,
que de mi muerta madre idolatrada
el ya rígido párpado circunda,
la postrimera lágrima estancada
vive y la yerta cavidad inunda.

Y esa lágrima quieta
allí, sola y brillante,
como un vivo diamante
entre un cáliz marchito de violeta,
copia, como un espejo,
los confusos contornos de la alcoba
de la muerta, que duerme ante el reflejo
de un cirio, sobre un lecho de caoba.

Estoy solo... con ella;
un deseo tenaz mi mente azota:
pongo mis labios en la gota aquella
y me bebo la gota.
Hoy esa gota en mi alma es una estrella.



Julio Flórez


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