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        UN CASO

Tú caíste por buena, no por mala;
la suprema bondad fue tu defecto;
sin saber cómo, sumergiste el ala,
el ala de ángel, en el fango infecto.

Sin embargo, mi dedo te señala,
lo mismo que antes, el camino recto,
tu espíritu, alba flor, perfume exhala;
sólo en tu carne se posó el insecto.

Yo sé que no quisiste, en tu desvío,
ni un beso dar al que con vil reproche
te suplicó frenético y sombrío.

Que la lujuria, como hambriento pulpo,
no se enredó a tu cuerpo aquella noche,
¡lo sé!... ¡Por eso menos te disculpo!...



Julio Flórez


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