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      ALTAS TERNURAS

            III

Sus lágrimas de amor —esencia pura
de su inmenso pesar— en lluvia clara
cayeron, y en los surcos de mi cara
formaron un arroyo de ternura.

¡Arroyo que, al mojar la comisura
de mis labios, dejó una huella rara:
dejó miel en mi boca, como para
endulzar todo el mar de mi amargura!

¡Era que el llanto del amor del amor materno,
que, hasta entonces pensé fuera de acíbar
como los otros llantos, aunque tierno,

dejando, al estallar, las celdas rotas
del panal de aquella alma, como almíbar
se desgranaba en transparentes gotas!



Julio Flórez


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