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            LIII

Arráncame los ojos cuando muera.
Arráncamelos y huye, niña hermosa,
porque abrirlos, atónito, pudiera,
por mirarte otra vez desde mi fosa.

¡Oh, nunca vayas a turbar la calma
de este ser que de ti ya nada espera!
¡Pero si piensas ir, prenda del alma,
arráncame los ojos cuando muera!



Julio Flórez


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