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            LXIII

Oye tus ojos tan profundas huellas
dejaron para siempre en mis entrañas,
que en las noches tranquilas
suelo mirar absorto las estrellas
sobre la cresta azul de las montañas,
tan sólo porque en ellas
me parece que miro tus pupilas
rodar tras de la red de tus pestañas.
Presa, entonces, de trágica agonía,
pierdo toda mi calma,
y hasta el fondo del alma
torno azorado la mirada mía;
y al contemplar de tus desdén los rastros,
por no ver más tus ojos, bien quisiera,
con ira de pantera,
rasgar los cielos y extinguir los astros.



Julio Flórez


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