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            LXX

Yo tengo como el mar horas serenas
en que pierde mi espíritu su brío,
y se aduerme en la carne como el río
sobre su luengo tálamo de arenas.

Horas en que la sangre de mis venas
blandamente circula, en que el Hastío
como siniestro cárabo sombrío,
huye de la guarida de mis penas.

¡Ah!... Si entonces, acaso venturoso
un instante me ves, y una sonrisa
desarruga mi mudo labio inerte,

es porque aquellas horas de reposo,
que pasan para mí siempre deprisa,
tienen algo del sueño de la muerte!



Julio Flórez


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