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      ÓSCULO TROPICAL

Y penetramos en el bosque, mudos,
en un cálido colmo de demencia;
nuestras manos en haz, como dos nudos
hechos de amor, temblaban de impotencia.

Y caímos de súbito embriagados
de voluptuosidad en las malezas;
y con los ojos húmedos, cerrados,
se confundieron nuestras dos cabezas.

De un divino manjar mi boca hambrienta
busco el botón colmado de rocío
de tu boca dulcísima y sangrienta.

¡Se hundió en tu boca el seco labio mío,
y el beso reventó como revienta
la ola airada en el peñón bravío!



Julio Flórez


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