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      PRIMERA AURORA

Y fue la lucha de la sombra inmensa
con el fulgor del día.
Sólo una estrella pálida, suspensa,
tras de la bruma densa,
quedó flotando en la región vacía.

Alzó su voz la secular floresta
de hondas arcadas por el viento rotas;
brilló la nieve en la empinada cresta
y comenzó la universal orquesta
con el preludio de infinitas notas.

Murió la última estrella
en la cima de un monte
como un cocuyo en la explosión del día,
mientras la aurora pudibunda y bella
anegaba de luz el horizonte
y en el lejano azul se sonreía.

Y entre el enorme ruido
que se alzó de la tierra en giro vario,
fue el lago un mar dormido,
el valle un vasto nido
y el bosque mugidor un incensario.

Encresparon las fuentes argentadas
con el brillo del sol de sus aguas locas,
y las níveas cascadas
rompieron con furor contra las rocas
sus collares de perlas irisadas.

Y el mar se hinchó con lúbrica delicia
sobre las playas cálidas y solas
al sentir la caricia
de la primera luz sobre las olas.



Julio Flórez


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