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      OCASO Y ORTO
      (vistos desde El Morro)

El gran león azul, de alba melena,
no ruge ya... parece que dormita
debajo de la bóveda infinita,
en su cubil de rocas y de arena.

Huye la tarde; prodigiosa escena:
¡ensangrentado el sol se precipita
en su tumba de oro, y la marchita
frente le anubla un hálito de pena!

El toque de oración resuena
en la ciudad distante que se agita
con el vago rumor de una colmena.

Mientras la luna —blanca margarita—
ante el sol —rojo lirio— asoma llena.
Mirad: ¡Él muere y ella resucita!



Julio Flórez


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