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        DEL POLVO RENACERÁS

                I

No nací ayer ni moriré mañana.
Todo ha sido y será. Soy la victoria
del átomo. Tan sólo la memoria
de ultra-cuna disípase en la arcana

lejanía del tiempo, como vana
humareda... En la lucha transitoria,
al marchar tras el bien y tras la gloria
no me preocupa mi labor lejana.

Pudiera avergonzarme: entonces pude
ser pérfido, indolente. De este entonces
nada a mi mente entorpecida acude.

Tal vez me alzaron mármoles y bronces.
¿Quién habrá que el misterio desanude
y del negro portón rompa los gonces?

                II

Sé que de todo lo que muere, vivo.
Mis partículas todas han rodado
sin principio ni fin. Ha conformad
mi ser al gran poder evolutivo.

De un estremecimiento convulsivo
nací; de otro al que estoy ya condenado
sucumbiré; mas en el nicho helado
mi cuerpo no estará siempre cautivo.

Esta frente, esta boca y estos ojos,
que encierran hoy la idea, el beso, el llanto,
cuando yo expire y rueden mis despojos,

se tornarán en luz, flor y rocío;
después... no quedará en el camposanto
tal vez ni un rastro del cadáver mío.

                III

Mis átomos entrando en la gran vida
del orbe girarán eternamente:
en la niebla, en la luz, en el ambiente,
en la calle, en la plaza, en la avenida,

en la selva y el mar, en la escondida
savia de árbol y flor, en la simiente,
en el reptil y el ave: hasta en la mente
fugaz de alguna sombra enloquecida.

Cuando yo expire, de diverso modo
mis moléculas, vivas, al ocaso
irán: unas al aire, otras al lodo.

Pero pueden juntarse, paso a paso,
para volver a conformarme todo.
¡Muerte no es muerte, apenas es ocaso!



Julio Flórez


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