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        LA MISA BLANCA

Riega el alba al nacer todo el tesoro
de sus matices múltiples, y al cielo,
dejando su capullo, encumbra el vuelo
como enorme libélula de oro.

Despierta el mundo. Un cántico sonoro
vibra en todas las selvas. Su gran velo
blanco arrastra la niebla sobre el suelo
húmedo aún por el nocturno lloro.

Ved: El orbe es un templo formidable;
el oriente un altar donde salmodia
el Sumo Dios su rezo indescifrable;

y bajo el arco del azul inmenso,
se eleva el sol como inmortal custodia
entre jirones de rosado incienso.



Julio Flórez


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