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        CELOS DE FIERA

Duerme un viejo león en su guarida
y sueña que su amada
ruge en el bosque inmenso, ¡enamorada
de otro león de sangre enardecida!

¡Y siente celos, y con rabia loca,
desgarrándose el pecho,
al querer levantarse sobre el lecho,
un rugido fatal truena en su boca!

Y despierta; satánica alegría
cruza por su semblante;
su leona está allí, y en ese instante
en lamerle la cara se extasía.

Pero aleve, con fuerza soberana,
al verla tan hermosa,
la sacude en sus garras, temblorosa,
¡y la asfixia creyéndola liviana!

La mira luego, inmóvil y sombría;
siente profundo espanto,
¡y rueda de sus ojos todo el llanto
que en lo más hondo de su pecho hervía!

Después... como si huyera de sí mismo
sale tambaleando,
ve la sierra y... se acuerda sollozando
de ciertas rocas... ¡y de cierto abismo!

Y allí corre, deteniéndose en las breñas,
mira al fondo profundo.
¡Gira! ¡Salta! y al fin... en un segundo,
¡hecho trizas desciende por las peñas!



Julio Flórez


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