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CANCIÓN DE LA TARDE

Bajo el cernido
polvo de grana
de los reflejos,
llora el tañido
de una campana
lejos muy lejos...
Nubes doradas
en mar de rosas
con tardo vuelo,
como bandadas
de mariposas
cruzan el cielo.

¡El mar rebrilla
tras de la bruma
que lo recata
y alza en la orilla
marea de espuma,
selvas de plata!...

¡Y mientras baña
su cabellera
azul en oro,
de mi montaña
a su ribera
bajó mi lloro!
El sol se apaga,
solloza el día
tras de la sierra;
flota una vaga
melancolía
sobre la tierra...

Desgrana en tanto
la flor de un trino
dulce el sinsonte,
y pasa el canto
de un campesino
de monte en monte.

La noche llega:
ya su callado
corcel sombrío
cruza la vega;
pace en el prado
bebe en el río.

Vibra un cencerro
sobre la cumbre,
y se dilata
de cerro en cerro
la roja lumbre
de una fogata.

¡El mar, de crudo
luto se viste
de polo a polo;
todo está mudo,
todo está triste,
todo está solo!...



Julio Flórez


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