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      A UNOS BRAZOS

No los soñó mejores Praxiteles.
¿Venus? Venus jamás los tuvo iguales.
Nunca se han inventado los cinceles
que copien esas curvas ideales.

Como preciado y singular adorno
surge un lunar sobre su cutis de Hebe,
que parece, en las líneas del contorno,
un pájaro entumido entre la nieve.

Al través de la pálida blancura
de la piel tibia, tersa y perfumada,
hay una vena azul; la sangre pura
corre allí con hervores de cascada.

¡Oh brazos que yo adoro: haced amantes
una prisión para mi pecho; ansío
ver de cerca los ojos fulgurantes
de vuestro dueño; hacedla, tengo frío!



Julio Flórez


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