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      BÉCQUER

Pensaba en ti, desventurado Bécquer
              una noche de mayo
que invitaba al amor, porque tenía
dormidos en el tul de su regazo,
a su esposo, el silencio,
y a mis hijos, los astros.

Pensaba en ti; y al recordar tus penas
              y tus días amargos,
que cual olas de un mar embravecido
sobre tu frente con horror pasaron,
              soñaban con tus sueños,
              soñaban con tus cantos...

Pensaba en ti; las nubes parecían
              colgaduras de raso;
las estrellas vibraban luminosas
en el ancha comba del azul espacio,
              como vibran tus rimas
              de mi amada en los labios;

de esa mujer que vive en mi memoria
              cual luminoso faro,
que se parece a tu imposible, aquella
mujer de niebla y luz, sueño dorado
              que surgió de tu mente,
y se agitó en el fondo de tu cráneo.

Los vientos no gemían, todo, todo
              yacía en un letargo;
de repente un inmenso meteoro
rasgó el azul del anchuroso espacio,
              y la noche me dijo
con lenta voz, sonora como un canto:
—Es el alado espíritu de Bécquer
              que a otra estrella ha pasado—.

      ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

Todo poeta que en el mundo muere
vuela incorpóreo al impalpable espacio,
besa la frente de la oscura noche...
y visita los astros.



Julio Flórez


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