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        DOLORES SÁNCHEZ
        diciembre de 1906, en Bogotá

También te fuiste, hermana, como un jirón de niebla,
como un cendal de espuma, como un aroma blando:
Hubo un frufrú de lirios... y entraste en la tiniebla
sigilosa y profunda de la muerte... volando.

Volando, como un cisne de hostiárica blancura,
como una garza nívea de dóciles plumones;
y quedó el pobre nido, que entibió tu ternura,
en la más desolada de las desolaciones.

¡Y fue en mi ausencia!...Nunca pensé que te marcharas
antes que yo... ni nunca, que huyeras de la vida
lejos de mi... ¡tan lejos! En una de esas claras
noches que el cielo argenta de mi patria afligida.

¡Ah, por eso no pude (¡misteriosos arcanos!)
acercarme a tu lecho y estrechar tus despojos...
Deplorar tu partida, con mis otros hermanos,
y cerrar con mis dedos tus inmóviles ojos.

¡Yo sentí tu aleteo!...Fue en el instante mismo
en que tu virgen carne se durmió dulcemente;
al desasirse tu alma, del mar salvó el abismo,
y llegó con sus alas a abanicar mi frente.

Gracias, hermana, gracias; fuiste buena y sencilla...
Mas, ¿qué escucho? ¡Un suspiro!...¡La vibración de un vuelo!
Mis tristes ojos alzo... se dobla mi rodilla.
Eres tú, sombra blanca que recorres el cielo.



Julio Flórez


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