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        EL ENTIERRO DEL SOL

Ya cediendo su campo a las estrellas
todo sangriento el sol rueda al Caribe;
y ósculo inmenso, al expirar recibe
del mar que lame el oro de sus huellas.

Y el mar se incendia, se alborota y canta
un himno funeral, un miserere
que en los soplos eternos se levanta
y envuelve al sol... mientras que el sol se muere.

El paño negro de la noche baja
sobre el difunto rey que en ígnea fosa
el mar con sus espumas amortaja,

en tanto que desde el azul desierto
los astros con su llama temblorosa
alumbran las cenizas del gran muerto.

Así te desplomaste; así caíste
—sol de la democracia verdadera—
en el brumoso mar de un pueblo triste
que hoy llora ante el rescoldo de tu hoguera.

Mas... ¿Qué suceso anticipó tu ocaso?
¿Qué poder infernal, qué torvo guía
de hombres sin ley, tu luminoso paso
mandó parar... en la mitad del día?

Némesis, ya sobre los velos rojos
de tu puesto triunfal, en las tupidas
sombras sepulta al rayo de tus ojos...
Mientras que con sus rosas encendidas,
formadas de pudor, en tus despojos
se desangra el rosal de tus heridas.



Julio Flórez


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