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        LA MUERTA

Me dices que me quieres y que me adoras,
que tu amor es inmenso como los mares
y puro como el brillo de las auroras;
que mis pesares
te inspiran tan acerbos y hondos quebrantos
como la hiel que esconden mis tristes cantos.

Y sin embargo dices que te da miedo
mi palidez de muerto cuando te miro.
Como sé que me quieres, decirte puedo
que hay un vampiro
que en las noches oscuras llega a mi alcoba
y con su pico yerto mi sangre roba.

Me dices a menudo con voces graves
que te hiela mi mano huesosa y fría…
¡Ay, cómo no ha de helarte! ¿Luego no sabes,
hermosa mía
que al extender la noche su negro manto
me la estrecha un cadáver del campo santo?

Una muerta a quien hace ya muchos años
olvidé por tus gracias y tus amores,
una muerta que llora sus desengaños
y en los rumores
de los vientos que vagan estremecidos
me manda sus reproches y sus gemidos.

Es ella la que viene por monte y llano
a beber en la sombra mi sangre ardiente
y a estrechar esta seca y helada mano.
Niña inocente
de cabellera rubia y ojos hermosos:
los celos de los muertos son espantosos.



Julio Flórez


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