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    LAS DIVINAS PINTORAS

De su lecho de púrpura se arranca
fresca y gentil la divinal pintora;
su crencha es rubia, su mejilla blanca,
su nombre terso y musical: Aurora.

De pies ya, sobre el ápice del monte
sus colores diluye en el rocío,
y comienza a pintar el horizonte:
el mar, la selva, la llanura, el río.

Fulgen bajo su mano primorosa
cuadros sin fin; un toque de violeta
pone en cada contorno, en cada cosa.

Mágica artista, todo lo interpreta;
su gran lienzo es natura esplendorosa
y los rayos de Apolo su paleta.

                    *   *   *   *   *   *

Sobre una franja de amarillo cromo
que finge un luengo y sosegado río,
se va alargando una silueta como
la vela ensangrentada de un navío.

Después, siempre despacio, muy despacio,
tórnase aquella franja en mar de fuego,
donde hecho de coral surge un palacio
que brilla, pasma... y se deshace luego.

Vasto perfume por los aires yerra,
hondo silencio apózase en el llano;
el sol se ha despedido de la tierra.

Y mientras se adormece el océano,
huye la tarde, triste, por la sierra,
con un haz de pinceles en la mano.



Julio Flórez


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