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        NATURA SORDA

Como cerros vibrantes, coronados de nieve,
se alzan las negras hondas tapizadas de espuma,
y bajo el velo enorme de la borrosa bruma,
mi barco cruje al golpe de la borrasca aleve.

El huracán sacude su gran látigo, en breve,
y ronco y rebosante de su cólera suma,
de la gaviota eriza la inmaculada pluma
y a castigar al monstruo que se encrespa, se atreve.

Y se empeña la lucha de los ciegos gigantes:
El uno trae el soplo y otro aporta el tumbo;
el rayo vuelca el carro de los truenos sonantes;

y mientras que se escucha del ciclón el retumbo,
al cielo alzo, contrito, mis manos suplicantes,
pero mi barco sigue sin velas y sin rumbo.



Julio Flórez


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