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        OCASO

La frente ensangrentada
moja el sol en diluvios de colores;
y la tarde, su hermosa idolatrada,
va enjugando la sangre derramada
por aquel sol, sultán de sus amores.

Y en ataúd dorado
húndelo al fin diciéndole afanosa:
«Muero contigo porque soy tu esposa,
y como tú eres rey y eres mi amado,
será la noche nuestra inmensa fosa».

Y en el momento mismo,
ruedan ambos al fondo horripilante,
y el genio de la sombra y el mutismo,
al ver aquellos muertos, sollozante,
¡prende todos los cirios del abismo!



Julio Flórez


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