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  PROFANACIÓN

Al Padre Arango, jesuita colombiano
Desenterrador de Rafael Uribe Uribe
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¡Y te llamas discípulo de Cristo!
(vergüenza, ¿en dónde estás?) El Nazareno
tuvo para los hombres siempre listo
un bálsamo: el amor, ¡nunca el veneno!

Harto de hiel y de feroz inquina
saltaste la pared del camposanto,
por devorar, con avidez canina,
el cadáver de aquel que amamos tanto.

Mas clavar no pudiste el duro diente
en la sustancia del occiso; entonces
comprendiste que el cuerpo del yacente
no era de carne ya... sino de bronce.

¡Hiena, vuelve a tu trágica guarida!
¡El mordisco es inútil en la roca!
¡La Muerte es de los mártires la vida!

Aun cuando nada saboreó tu boca,
toda la mar, para lavar la herida
que abriste al patrio corazón…es poca.



Julio Flórez


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