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  A BOLÍVAR EN SAN PEDRO ALEJANDRINO

Amplio y rugoso el bronce de su frente
que un gran destello del Olimpo toca,
y que culmina en la maraña loca
de un pelo que aquilón mesó inclemente.

El ojo triste en su semblante evoca
la presencia de un astro en el poniente,
mientras se ve su decepción ingente
flotar en el silencio de su boca.

Enjuto el cuello, débiles los hombros,
seca la mano que blandió la espalda
que puso en fuga a todos los asombros.

Sólo en él queda viva la mirada
que fulge aún como la llamarada
última de un incendio en los escombros.



Julio Flórez


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